9 de Julio 1816 – 9 de julio 2021

Como pensar la Independencia

El Congreso Constituyente reunido en Tucumán en 1816 tenía dos grandes objetivos: declarar la Independencia de las Provincias Unidas y sancionar una Constitución con el fin de organizar jurídica y políticamente al territorio independizado. Ninguna de las dos tareas resultaba sencilla.

El Acta de la Independencia está precedida por una descripción del ánimo de los constituyentes a la hora de proclamarla: “Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España”. 

La “emancipación” es una categoría destacada para pensar la independencia. En el marco de las filosofías del iluminismo, muchas de ellas inspiradoras de diversos movimientos independentistas, la “emancipación” era concebida como la instancia en que un sujeto adquiere la “mayoría de edad”, pero ya no sólo en el ámbito de lo “doméstico” o en el mundo privado, sino en la vida social, política e histórica. La independencia, concebida como “emancipación”, aparece así como el deseo social de vivir sin tutela.

Con avances y retrocesos, el proceso político que condujo a la independencia posibilitó nuevos cursos de acción colectiva que generaron un nuevo horizonte para pensar la libertad y la igualdad. Los americanos descendientes de españoles pudieron expresar un deseo de reconocimiento hasta allí denegado por la Corona española, que se tradujo en el acceso a cargos y funciones públicas. Para las clases populares, la independencia generó un contexto más favorable para plantear sus demandas, brindó algunas oportunidades de ascenso social antes desconocidas y, en ciertos aspectos, abrió la posibilidad de desafiar a las jerarquías sociales existentes.

En Salta, y bajo la protección de Güemes los pequeños propietarios de tierras que formaban parte de su ejército reafirmaron su tenencia frente a los grandes terratenientes; algunos arrenderos tuvieron la posibilidad de acceder por primera vez a la propiedad; y los gauchos pudieron conseguir ganado y aspirar a reclamar una propiedad en premio a la lucha, en aquel contexto sus demandas fueron, al menos, escuchadas.

El otro gran objetivo del Congreso, que generaba tensiones entre los diputados, fue la posibilidad de sancionar una Constitución, que recién se logra hacia 1819, pero con resistencias y fuertes rechazos por gran parte de las provincias.

En el contexto de las guerras de la Independencia, los revolucionarios buscaron interpelar a distintos actores sociales, y de manera especial a los pueblos originarios, sobre todo a los que vivían en el Alto Perú. Ciertamente, con el objetivo de incorporarlos a los ejércitos de la independencia, pero también con la convicción de que los indígenas representaban el grupo social que había sido eminentemente objeto de la violencia ejercida por la Corona española desde la conquista. Es célebre en este sentido la Proclama de Tihuanaco, en donde Castelli sostuvo la igualdad entre todos los hombres, indígenas y criollos: “los indios son y deben ser reputados, con igual opción, que los demás habitantes nacionales a todos los cargos, empleos, destinos, honores y distinciones por la igualdad de derechos de ciudadanos, sin otra diferencia que la que presta el mérito y aptitud”. Esta postura generó fuertes tensiones con la elite local.

“El hombre nace libre y, sin embargo, se halla por todas las parte encadenado”

J.J. Rousseau

Ministerio de Educación de la Nación 

Autor Prof. María Elina Maffioli

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